Visitas de viciosill@s

jueves, 10 de febrero de 2011

Lágrimas Confidenciales


Estás preciosa, radiante, con tu vestido blanco, con tu hombre de negro y con tu familia gris, disfrutando de tu entrada en la sociedad. Según ellos, por fin has dejado esos juegos de adolescente inmadura. No me imaginaba yo que un hombre y una posición nos pudiera separar tanto. En este día tan importante para ti y tan decisivo para mi, estamos tan  juntas haciéndonos fotos, pero yo te siento tan lejos...
Recuerdo cuando nos conocimos. Llegaste al instituto, casi en Navidad. Estabas forrada como una cebolla, y eso que se suponía que venías del norte. Pude intuir que tenías un cuerpo rotundo y bien formado; después comprobé que también era proporcionado. Tus ojos redondos, escondidos, impasibles, pedían auxilio desde el fondo de tu alma, sin ninguna esperanza de ser ayudados. Tu tono de piel cobrizo y tus cabellos como ovas en un río silencioso, te daban una apariencia algo triste y melancólica. Luego me enteré que habías tenido que dejar una relación en tu anterior ciudad. No tuviste el valor de confesar tus verdaderos sentimientos por aquella persona.
Nos tocó preparar a las dos un trabajo de música que nos encargaron ese mismo día y a partir de ahí, las visitas a tu cuarto y al mío, a espaldas de nuestras amigas, familias, y del mundo en general, comenzaron a tejer una vida paralela en nuestras alcobas, una embajada de un universo extranjero. Hicimos que nuestra relación privada, nunca fuera pública, siempre fuimos dos, juntas frente a la sociedad, cuado estábamos en nuestros dormitorios. Luego al salir de allí , nos integrábamos con la gente hasta diluirnos y desaparecer. Era nuestro secreto, nuestra vida. Un lugar en el infinito donde solo existíamos nosotras.
Rememoro con nostalgia aquellas tardes de estío, calurosas, donde preferíamos estar juntas, aunque eso significara estar solas paseando bajo el sol de verano, que con todas las amigas del grupo en el verde de la  piscina. Evoco esos paseos tan largos, a veces en silencio. No hacía falta decir nada, las dos de la mano, disfrutábamos de la presencia la una de la otra.
Aquellas jornadas de puro sexo, sin respeto en el lenguaje, ni en las formas, recubiertas con ternura y con amor antes y después. La furia no dejaba tiempo a la reflexión, actuábamos como si quisiéramos recuperar el tiempo en el que no estábamos amándonos, como si cada vez fuera la última. Así en cada ocasión nos descubríamos nuevas y diferentes.
Ayer nos amamos otra vez, fue más pausada de lo que yo hubiera deseado, fue tu despedida, fue solo dejarte querer. Estaba tu cuerpo pero no estaba tu alma. No conseguía encontrarte los ojos. Tus gritos de placer ahogaban mis lágrimas en un intento desesperado de no perderte, de que te arrepintieras, que no ejecutaras lo que tu familia tenía preparado para ti. Esperaba que en el último momento me pidieras que huyéramos juntas, que me dijeras que te importaba yo más que tu futuro prefabricado... Pero no fue así. Te permitiste una serie de clímax monótonos, vacíos y sobreactuados, con los que pretendías pagar, con tu placer, mi amor por ti. No te distes cuenta que mis momentos de placer no llegaron, porque el conseguir ahogar mis lágrimas para no molestarte, fue la única satisfacción de ayer. Tu reías sin mirarme, queriendo ocultar lo triste de la situación, mientras yo, lloraba riendo, por si me veías la cara.
REMedios

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