Visitas de viciosill@s

jueves, 11 de noviembre de 2010

Isadora

                                            
Mi amiga la Camionero, me había llamado para que viéramos a Isadora que vivía en el piso de abajo, en nuestro mismo patio. Allí estaba ella,  en la ventana con una camiseta de cuello de barco, de las de estar por casa. Parecía molesta, se movía con dificultad y gestos imprevistos. Esto le podría perecer a cualquier vecina que la estuviera viendo, pero nosotras sabíamos lo que estaba pasando. La Nena, seguro que estaba debajo de ella, sentada en el suelo y con la cabeza entre sus muslos.
Al principio se comportaba como si no estuviera muy conforme y le ponía dificultades a su empeñada amante, luego permaneció estática unos momentos y por fin se abandonó. Mi amiga me decía: ya se ha entregado, es el mejor momento, es cuando se deja hacer, es el que más me gusta. Mientras decía esto, se colocaba detrás de mí y empezaba a hablarme muy cerca de la nuca, marcándome en el cuello cada sílaba con el aire de su voz. Sus manos ya habían alcanzado mis senos y sus dedos mis pezones. Se empezaba a rozar, al principio suave luego más fuerte, recorriéndome con sus pechos. Podía notar sus pezones dibujándome en la espalda, luego venía a apretarse el centro de sus piernas en mis caderas, primero una, luego la otra. Mientras, me recordaba la dureza de sus pezones. Por fin se quedó en mi cadera derecha y empezó un movimiento circular de su pubis, demandándome que metiera mi mano bajo su pantalón corto y que la hiciera gozar, con la vista de la cara cada vez más desencajada de Isadora. Sabía que ese era su momento. Yo solo quería ver a la vecina de abajo.
Enseguida metió la barriga para desabrocharse un botón y permitirme colocar mi mano dentro de sus braguitas, ya mojadas. Como otras veces, sabía que ella cerraría los ojos y reviviría sus propias fantasías. Yo seguía mirando a Isadora y tratando de sentir lo que sentiría la Nena perdida entre sus piernas. Yo lo haría muy despacio, saboreando cada lamida, como si fuera el último alimento antes de un prolongado ayuno. Solo aceleraría el ritmo en el último momento, cuando ella me lo rogase.
La Camionero, parecía muy dura, pero con cuatro vueltecitas alrededor de su centro de placer, me estaba urgiendo a que me concentrara, que rozara su yema para hacerla sentir y me dejara de prolegómenos; aquello era excitación plena, no una sesión de placer de la de todos los días.
Yo revivía mi única relación con Isadora, aquel día en la playa, y comparaba la excitación que le provoqué con la que sentía ella ahora. La Camionero no podía más y me lo anunció. Cerró fuertemente las piernas, se dobló y a duras penas se agarró a la ventana mientras yo intentaba seguir dándole placer. Me agaché a su lado y continué despacito, mientras la besaba la boca con delicadeza; estaba dando los últimos estertores y me miraba agradecida. Cuando al final nos pusimos otra vez de pie, frente a la ventana, vi como Isadora comenzaba a tener unos movimientos compulsivos, no podía controlarse y no le importaba. Se agarraba fuerte a la ventana, sacaba la pelvis hacia atrás para permitir mayor contacto y poder abrir más las piernas. Segundos después se arrimó a la ventana y parecía que iba a salirse por ella por la forma en la que apretaba su cintura. Respiró tres veces, como un búfalo en celo y me miró satisfecha. En ese momento llené la cara de la Camionero con mis jugos y mis pezones me dolieron de señalar a Isadora con tanta intensidad.
REMedios

2 comentarios:

  1. no se que decir es el primer relato y conociendo a una de la que escribis esto relatos me parece muy fuertes, yo creia que eras de otra manera jajajajaja. Me he quedado soprendido este me ha gustado y pone ehhh y esto de erotico tiene poco es muy subido de tono pero seguir asi yo os animo de verdad muy pocas mujeres escriben relatos eroticos asi de bien. ENHORABUENA POR ESTE BLOG

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  2. Esta padrisimo el relato lol enhorabuena chicas por este blog y por el arrojo que teneis.

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